La «Mona» de la Catedral de Jaén

La Mona de la Catedral de Jaén

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Texto/Fotos: Francisco J. Vázquez.

Uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad de Jaén es sin lugar a dudas la Santa Iglesia Catedral, dedicada a la Asunción de la Virgen desde la consagración de la Mezquita Mayor allá por 1246, tras la conquista de la ciudad a los árabes por Fernando III.

Aunque hubo una Catedral anterior construida sobre los cimientos de la destruida Mezquita (que estuvo en pie hasta el año 1348), el actual edificio se inició en 1551 siguiendo los planos del arquitecto y cantero Andrés de Vandelvira, una de las figuras más enigmática del arte renacentista. Curiosamente, aviva su leyenda el hecho de que durante los siglos que duró su construcción fueron los trabajos de éste los que siguieron al pie de la letra los demás arquitectos responsables en épocas posteriores, algo no muy habitual en este tipo de monumentos. 

Probablemente sea con diferencia el edificio sacro que mayor número de temas de misterio alberga en toda Andalucía. No hay que olvidar que en él encontramos elementos tan singulares que van desde la simbología del coro catedralicio a la tumba del obispo Alonso Suarez de la Fuente del Sauce, pasando por las leyendas sobre los túneles llenos de tesoros que se encuentran entre sus entrañas y el cercano monte (los buscadores de la Cava), el Santo Rostro de Jaén o, incluso, la relación de este edificio con la mismísima Mesa de Salomón, entre otros muchos.

Pero si hay un elemento al que muchos señalan como insignia de la importancia de la Catedral de Jaén en el universo de lo oculto es el pequeño personaje pétreo que aguarda sentado, a espalda de la seo, sobre una esquina del primer contrafuerte. Curioso para unos, temido para otros, a nadie que visite el monumento le pasa desapercibido aquel ser de apariencia simpática pero de rostro inquietante. No en vano tiene una leyenda negra que ha hecho que muchos jienenses mirasen de soslayo a aquella figura con la que se ha atemorizado a los niños desde época inmemorial.

Catedral de Jaén
La Catedral de Jaén es una joya renacentista de Andrés de Vandelvira.

Un baphomet en la Catedral.

A espaldas de la Catedral se encuentra un espacio conocido por los habitantes de la capital del Santo Reino como el «Callejón de la Mona». Antaño era un espacio angosto, húmedo y frío donde el sol apenas llegaba, pues la pequeña calle rodeaba el contorno del templo protegido por edificios que oscurecían su recorrido. Y allí, situado sobre un contrafuerte, en la cenefa de los dos primeros paneles sobre la moldura superior, se encuentra la talla de un extraño individuo al que todos conocen en la ciudad como «la mona de Jaén». 

Tan singular sobrenombre se debe al rostro del personaje, redondo y poco agraciado, con una mirada inquietante a medio camino entre la sorna y el desprecio, ligeramente desviada hacia la izquierda y con una mandíbula ancha sobre la que se asienta una boca enorme y firmemente cerrada, que le da un aire simiesco del que deriva su apodo. 

El hombrecillo se encuentra sentado en el suelo con las plantas de los pies juntas, las piernas retraídas y en una posición que recuerda a ademanes orientales, algo que complementa con una vestimenta propia del siglo XV y ataviado con un tocado que recordaría a un turbante, el cual se representaría anudado siguiendo el esquema tripartito del Nudo de Salomón.

La talla está con los codos apoyados sobre las rodillas, al mismo tiempo que sus tobillos son agarrados por las manos con firmeza. Y en la mano izquierda se puede apreciar que el dedo índice está montado sobre el dedo corazón, a modo de señal.

¿Qué hace semejante representación en un lugar como éste? Muchos expertos lo tienen claro: se trata de un baphomet, un ídolo al que los templarios adoraban según aseguraban los inquisidores destinados a darles caza tras su caída en desgracia. Así, la «mona» no sería más que la representación simbólica de un ente abstracto de la Cábala denominado la Pequeña Figura, generando una total ambigüedad al no quedar claro si es un ser andrógino, un mero monstruo o una esquematización de un busto humano.

Llama poderosamente la atención el hecho de que este baphomet se encuentre situado en el único muro que la Catedral de Jaén conserva del templo primigenio, un lugar iniciático ideado por el Obispo Suarez. Hablamos de un muro de 35 m. de largo por 8 m. de altura, con seis contrafuertes a intervalos regulares y que no cuenta con puertas, ventanas o aberturas. 

Dicho muro se corresponde (según afirma el propio Juan Eslava Galán en su libro El Enigma de la Mesa de Salomón) exactamente con el cerramiento de la Capilla Mayor, y su ubicación ocupa la misma superficie que un habitáculo previo dedicado al culto a Vírgenes Negras, y anteriormente a la presencia de un dolmen sagrado.   

Así, y teniendo en cuenta que «la Mona» se integra en el nuevo edificio ideado por Vandelvira,  que es quien mantiene dicho muro a pesar de la destrucción total del resto de templo previo, hace sospechar que las casualidades no existen y que el maestro renacentista hizo una auténtico guiño a iniciados, entre los que él mismos se encontraba.

Muro del Obispo Suárez en la Catedral de Jaén.
Muro del Obispo Suárez, con el Callejón de la Mona al fondo.

La leyenda negra de la "Mona".

Era un lugar de paso. Sin embargo los mayores, desde siempre, consideraban que aquel sitio tenía algo extraño que no gustaba y por eso se evitaba si había oportunidad.

La mirada pétrea de aquel extraño personaje parecía clavarse en las espaldas de los viandantes, y un escalofrío recorría los cuerpos de quienes a determinadas horas de la madrugada debían pasar cerca de tan peculiar escultura.

Los rumores, ya se sabe…

Por eso, cuando a finales del siglo XIX un grupo de críos decidió demostrar su valentía acudiendo una tarde bajo la talla de la Mona hubo quienes al verlos allí les recriminó que no tentasen a su suerte. Pero aquello no hizo más que encender sus ánimos. Así, primero de forma fugaz y después algo más templados, uno tras otro aquellos chavales pasaron varias veces bajo la figura, desafiantes. 

El furor se fue adueñando de los envalentonados mozalbetes que, a la vista de que no pasaba nada, se fueron calentando y no tardaron en soltar no sólo bravuconadas en dirección a la esperpéntica figura, sino también amenazas e insultos.

Ni que decir tiene que la vuelta al barrio, y al correrse la voz entre amigos y compañeros de aventuras, fue como la llegada de héroes tras una batalla. Y si bien los padres de estos chicos se tomaron muy en serio la hazaña y les prohibieron volver a repetirla, la juventud y la bravuconería son elementos que ligan mal. Por ello hicieron caso omiso a cualquier advertencia o aviso.

Días después de la gesta, y esta vez en compañía de más chavales que querían ver in situ a los que desafiaban a la Mona, se juntaron en las inmediaciones un nutrido grupo de chiquillería. Y fue aquí, en un momento de excitación máximo, cuando uno de aquellos críos envalentonado cogió varias piedras del suelo y se las lanzó a la extraña criatura, con tan mala suerte que una de ellas golpeó la nariz y la partió.

El pánico cundió entre los presentes y en menos que canta un gallo la zona quedó desierta. Tan solo el «criminal», el que había roto la nariz de la figura, permaneció en el sitio entre desafiante y orgulloso.

Cuenta la leyenda que aquella noche, entre los susurros del barrio donde se contaba lo ocurrido con más miedo que entereza, un grito rompió la quietud de aquellas horas. Y de la casa de aquel niño que se había atrevido a atacar a la Mona surgió la desesperación y el dolor de unos padres que acababan de perder, de forma súbita, al que había mutilado al duende. 

Al final, el rumor, tenía su base. Y la Mona, su venganza.

Fuentes utilizadas:

Los enigmas de la Mesa de Salomón. Autor: Juan Eslava Galán. Edita: Martínez Roca. Año: 1988. ISBN: 8427012292.

Los Templarios y la Mesa de Salomón. Autor: Nicholas Wilcox. Edita: Martínez Roca. Año: 2004. ISBN:  9788427030671.

eldesvandejulio.blogspot.com/2012/01/la-leyenda-de-la-mona-de-la-catedral-de.html

Para visitar:

Callejón de la Mona (a espaldas de la Catedral con esquina Calle Campanas) – 23003 Jaén.

www.catedraldejaen.org

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