La Cripta de los Gálvez en Macharaviaya

Cripta de los Gálvez en Macharaviaya

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Texto/Fotos: Francisco J. Vázquez.

El pueblo de Macharaviaya se encuentra ubicado en la comarca malagueña de la Axarquía. En la actualidad cuenta con poco más de 450 habitantes que viven en un enclave privilegiado donde la naturaleza ha sido benévola tanto con el clima como con el entorno. Está situado a 255 m. sobre el nivel del mar, y se asienta sobre un conjunto de colinas que asemeja el efecto de un anfiteatro romano.

Si bien su origen es árabe (fue una antigua alquería), su fecha fundacional es oficialmente la de 1572, cuando se constituye como villa. Pero no será hasta ya entrado el siglo XV cuando Mayaraviaya reciba la llegada en su municipio de una familia pudiente procedente de Córdoba, los Gálvez, que se asentará en el lugar y que con el tiempo y el transcurrir de los años se convertirán no sólo en mecenas y valedores de la localidad, sino en sus más insignes y reconocidos vecinos. Hasta tal punto resultará importante este clan familiar que cinco de sus miembros se convertirán en hombres de Estado para la corona de España y, casi sin esperarlo, también en pilares fundamentales para el desarrollo de la mismísima independencia norteamericana ante los británicos.

Así, tan destacados personajes fueron José de Gálvez (1729-1787), quien fuera Ministro del Consejo de Indias y Secretario de Estado y que promovió la fundación de San Francisco, San Diego y Monterrey. Su hermano, Matías de Gálvez (1717-1786), nombrado Virrey de la Nueva España y Capitán General de Guatemala, desde donde combatió contra los asentamientos británicos centroamericanos con enorme éxito. El hijo de éste, Bernardo de Gálvez (1746-1786), que llegó a ser Gobernador de Luisiana y fundó las ciudades de Galveston, Nueva Iberia, Valenzuela y Baral, a la vez que se convirtió en libertador de las ciudades de Mobile y Pensacola y rescató La Florida de las manos de los ingleses. Se suman a éstos Miguel de Gálvez (1725-1792), Asesor Interino de la Casa Real y Ministro en el Consejo de Guerra, y Antonio de Gálvez (1728-1792), que sería Comandante General del resguardo de la Bahía de Cádiz y Administrador del Puerto de Cádiz, así como Administrador General de Canarias.

De esta manera, y gracias al favor del Rey y la Corte por el servicio a la Corona de tan insignes vecinos, el siglo XVIII convirtió la reducida y apartada localidad de Macharaviaya en la “pequeña Madrid” (así se refieren a ella las crónicas), consiguiendo una inesperada prosperidad económica y social que dejó, entre otras cosas, la Real Fábrica de Naipes (desde la que se abastecía al reino con tan lúdicos elementos), la canalización de agua potable cuando muchas ciudades importantes y grandes no contaban aún con ella, o un Banco Agrícola que permitió la venta de vinos de la zona tanto a nivel nacional como internacional.

Pero si algo destaca de esa época en este pequeño núcleo urbano es la cripta que mandaron construir los Gálvez bajo la Iglesia de San Jacinto (también erigida como encargo suyo), y cuya pretensión no fue otra que la de albergar en ella y dar descanso eterno a los miembros de tan ilustre saga.

Sarcófago funerario en la cripta de los Gálvez.
Sarcófago funerario que alberga los restos del Don José de Gálvez, Marqués de la Sonora.

La cripta donde se dan la mano Historia y superstición.

El recinto fue levantado en 1785 y se accede al mismo a través de un lateral del cementerio local. Fiel al propósito de su construcción, allí reposan los restos de José de Gálvez (Marqués de la Sonora) y su esposa, amén de otros muchos familiares.

Una de las características que más llaman la atención es su enorme tamaño y que coincide con la planta del templo bajo el que se asienta, lo que para muchos convierte a la cripta en una iglesia subterránea más que en un mausoleo. A esta idea ayuda no sólo el hecho de que la totalidad de la misma está cubierta con una bóveda de medio cañón salvo en la zona del crucero, que es de arista, sino que presenta también un altar (a día de hoy con bancadas). Es a la izquierda de éste donde se encuentran los nichos.

Especialmente llamativo es el sarcófago que guarda los restos de José de Gálvez, labrado en alabastro y mármol gris, con el escudo de armas familiar en él esculpido y sobre el que se erige un busto del difunto realizado también en mármol blanco. El conjunto se encuentra sobre un pedestal rectangular que realza la visibilidad de la tumba y su distinguido ocupante a ojos del visitante.

También llama poderosamente la atención la existencia de una Cruz de Carlos III esculpida en lugar destacado y visible sobre el conjunto de nichos, cuya finalidad es la de distinguir y condecorar a aquellos que destacaban de manera muy especial por las buenas acciones en beneficio tanto de España cómo de la Corona.

Al otro lado del crucero (lateral derecho del altar) hay una interesante colección de figuras de índole anónimo y características peculiares, que se traduce en esculturas de medio cuerpo, bulto redondo (esto es, representación de la tercera dimensión de manera proporcional) y apariencia excesivamente realista, que se creen simbolizan miembros de la familia.

Pero no acaba ahí el asunto. Tan tétrico lugar parece que no sólo tiene elementos históricos de primer nivel que lo hacen sumamente especial. Algunos investigares, como es el caso del Grupo IPA, han realizado investigaciones sobre el terreno de los fenómenos extraños y presencias que algunos visitantes afirman haber vivido allí. ¿Es, acaso, una cripta encantada?

Cruz de Carlos III
La Cruz de Carlos III preside el lugar.
Capilla de la cripta
Capilla con su bancada en la cripta.

Una promesa incumplida.

Una supuesta promesa incumplida por la villa (la de que cada año se celebrase una misa en favor de los mecenas de la localidad) parece ser el detonante que algunos investigadores de fenomenología paranormal ponen como origen de las apariciones fantasmales que parecen producirse en aquel lugar de descanso eterno. Y es que según esta hipótesis algunos miembros de este clan manifestarían así su disconformidad desde el más allá por la falta de cumplimiento de lo estipulado.

Muchos son los testimonios de quienes sienten cierta aprensión al adentrarse y deambular por aquella cripta. Algo que no deja de ser curioso si tenemos en cuenta que es un espacio amplio, no asfixiante, y donde la luz del sol entra a través de los ventanales del ala derecha del complejo durante muchas horas. Sin embargo, hay quienes afirman que se sienten observados, vigilados. Y quienes no sólo hablan de ruidos y lamentos que se escuchan, sino de presencias que se cruzan a cierta distancia ante los atónitos ojos de los testigos de lo insólito o de voces que se graban en los aparatos electrónicos.

Quizás lo más sorprendente es que, al llevar a cabo experimentos en el lugar, estos fenómenos parecen interactuar con las órdenes (peticiones) que los investigadores de campo realizan, denotando, por una parte, que quizá no es sugestión lo que algunos testigos tienen, y por otro, que sea lo que sea lo que parece «tener» el lugar, entiende y participa del experimento. Algo, sin duda, inquietante, que nos debería hacer pensar en la posibilidad de un «remanso de paz» menos tranquilo y solitario de lo que pudiésemos desear. 

Para visitar:

Cripta de Los Gálvez

Calle Luz, 1 – 29791 Macharaviaya (Málaga). 

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Un comentario

  1. Qué historia más apasionante, digna del guion de una gran película, y encima es real.
    Cuántos tesoros tenemos en nuestra tierra y no los conocemos. Gracias por darle luz.

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