La abadía de los muertos de Alcalá la Real

Caos de tumbas en la abadía

Compartir en redes sociales: 

Compartir en facebook
Facebook
Compartir en twitter
Twitter
Compartir en linkedin
LinkedIn
Compartir en whatsapp
WhatsApp
Compartir en telegram
Telegram

Texto/Fotos: Francisco J. Vázquez.

Alcalá la Real es una localidad jienense asentada al borde de las provincias de Granada y Córdoba, ubicado en la zona sudoeste. Rica en una Historia que se remonta al Neolítico, la población fue de gran valor estratégico por cuanto se erigió como frontera en la edad media con los reinos árabes, y desde ahí enclave extraordinario de distribución de caminos desde los que circularon no sólo mercancías comerciales y masas humanas, sino también elementos integradores mezcla de culturas.

Este municipio cuenta con uno de los enclaves más privilegiados que desde el punto de vista histórico y militar existentes en Andalucía: la Fortaleza de la Mota. Considerado por mucho tiempo como un auténtico bastión inexpugnable, la importancia de la misma fue máxima a partir del s. XII, llegando a alcanzar una importancia similar o superior a la de algunas ciudades mucho mayores en tamaño y volumen.

Sin embargo, la historia que hoy vamos a contar no tiene que ver con ese pasado rico y glorioso, sino con uno de esos incidentes que pasan desapercibidos durante generaciones y que surgen por casualidad, ya olvidados, por azares del destino caprichoso. ¿El lugar? La Iglesia abacial de Santa María la Mayor, un lugar imponente e importante para el clero dentro de la fortificación donde los muertos formaban parte hasta de los cimientos.

Restos óseos encontrados en la abadía
Restos óseos encontrados en la Iglesia abacial de Santa María la Mayor de Alcalá La Real (Jaén).

El macabro legado de las tropas napoleónicas.

14 de septiembre de 1812. La actividad en la Fortaleza de la Mota es intensa desde primeras horas de la mañana. Las tropas napoleónicas han recibido orden de dejar atrás la pequeña localidad jiennense y replegarse hacia el norte (aún no se sabe con qué intención).

Aunque muchos ya lo sospechan, empieza a hacer mella el desgaste que las guerrillas españolas están haciendo en el ejército invasor, causando daños cuantiosos tanto materiales como personales en miles de pequeños frentes. Tampoco ayuda la estrepitosa derrota en Rusia de las tropas imperiales, pues a la feroz oposición de los rusos hay que unir el despiadado y gélido invierno, que ha generado casi tantas bajas entre los integrantes de la soldadesca gabacha como los propios combatientes contrarios. La política expansionista de Francia empieza a descomponerse.

Los soldados se agolpan, en formación, en las zonas despejadas de aquel fortín alcalaíno que ha sido durante casi dos años un lugar ocupado. Allí han concentrado este tiempo buena parte del armamento, las huestes y la casi totalidad de los víveres necesarios para subsistir. Y por supuesto, también mucho material ajeno a la órbita militar, resultado del expolio al que se ha visto sometido las tierras por las que pasaban.

A media mañana, con el sol ya alto, aquel ejército empieza a abandonar el recinto y va dejando atrás lo más parecido a un hogar que han tenido. A pesar de ello, y siguiendo su política de «tierra quemada», se da la orden de volar la Torre de la Cárcel (que había sido utilizada como polvorín), e incendiar la Iglesia Mayor abacial (donde habían estado los víveres y aprovisionamientos). Ejecutada la orden, los últimos franceses salen del lugar, dejando un auténtico rastro de desolación en su camino.

Pero lo que nadie espera, y que llenará de sorpresa (primero) y miedo (después) a los habitantes del pueblo que con el tiempo lo descubren, es lo que aparecería entre las ruinas de la abadía tras el incendio provocado. Ni más ni menos que centenares de restos humanos (muchos momificados, otros simplemente óseos, una gran cantidad de ellos desmembrados) mezclados con restos de vigas, cascotes, maderas, cerámicas, tejas y hierros. ¿De dónde han salido aquellos restos? El número es desproporcionado, muchas de las ropas no son de la época, y la momificación de algunos de aquellos cuerpos dicta que son de hace mucho, mucho tiempo. ¿Entonces?

La explicación es, si cabe, aún más sorprendente…

Iglesia abacial de Santa María la Mayor de la Mota
Iglesia abacial de Santa María la Mayor en la Fortaleza de la Mota.

Enterramientos clandestinos en terreno sagrado.

La Fortaleza de la Mota de Alcalá la Real fue conquistada en 1341. Antigua medina islámica, su captura fue un hito importante en la reconquista por cuanto era considerada una plaza inexpugnable, pues tenía uno de los sistemas defensivos y ofensivos más importantes de Al-Ándalus.

Tras su caída, el rey Alfonso XI de Castilla funda la Real Abadía de Santa María de la Mota, que se levantará sobre los restos de la mezquita aljama y cuyo templo primitivo sería de estilo gótico y de tamaño considerable. Es precisamente este edificio y el periodo comprendido desde su edificación hasta la reconquista final de Granada la que tendría mucho que ver con estos macabros hallazgos.

La Mota se encontraba en primera línea de batalla en la reconquista. Es importante recordar que el reino de Granada no cae hasta 1492, y que la ciudad se encuentra a algo más de 40 km. de Alcalá la Real. Por tanto, la cercanía a territorio hostil durante algo más de siglo y medio repercutió en la vida de quienes vivieron momentos tan tensos y complicados de la historia de nuestro país.

Una vez asentados las bases del nuevo templo, el poder de la Iglesia empieza a ejercer sobre él. Y no se tarda mucho tiempo en empezar a inhumar retos dentro de sus muros tanto de nobles como de gente destacada de la comunidad (quienes podían permitirse, a fin de cuentas, que sus cuerpos terrenales reposasen en «suelo sagrado»). 

Sin embargo, en una zona medieval en conflicto también moría gente con menos poder económico. La alternativa, en este caso, no era otra que los enterramientos fuera de extramuros, con lo que ello suponía de vandalismo, robo e, incluso, ultraje de los cuerpos. Y eso con suerte, pues no serían pocas las veces que incluso las comitivas fúnebres fuesen asaltadas. ¿Qué soluciones había? La única posible: la inhumación dentro. Pero, ¿cómo lograrlo?

La teoría es bien sencilla. Los únicos con capacidad para hacerlo estaban dentro de la abadía, y de estas circunstancias personales se aprovechaban. Mucha de esa gente menos pudiente aportaba a la Iglesia abacial lo que podía (en ocasiones lo único material que tenían) para que ellos y los suyos pudiesen descansar en paz. Cuando lo material no cubría, siempre podía hacerse uso de lo «cuerpo terrenal». Aparentemente era un autentico negocio clandestino que se prolongó en el tiempo más de lo debido.

El resultado fue evidente. En las restauraciones del complejo realizadas ya a principios del siglo XXI apareció un auténtico enjambre de tumbas bajo el suelo de la nave central del recinto que habían sido excavadas sin orden ni concierto, a diferentes profundidades y, en ocasiones, en huecos de aprovechamiento respecto a otras tumbas colindantes. Pero no fue el único sitio de enterramiento. Desde vasijas a aljibes, pasando por cavidades de relleno en paredes y pilares, huecos de artesanado, etc… Cualquier cosa se aprovechaba. Y es que el negocio de los muertos puede haber ser moralmente deplorable, pero siempre ha sido socialmente aceptado.

Curiosamente, los caminos que elige el destino en su discurrir para elementos como éste son caprichosos. Se da la circunstancia que aquel lugar, en pleno siglo XIX y tras las reformas liberales acontecidas en el país y el Concordato de la Santa Sede de 1851 originaron que aquel espacio sacro perdiese su condición de abadía. Y ¿en qué se convirtió? Por decisión municipal lo hizo en un cementerio, algo a lo que desde la conquista definitiva cristiana nunca le fue ajeno.

Fuentes utilizadas:

Fortaleza de la Mota. Antigua Ciudad Medieval. Autor: Juan Francisco Pulido Sánchez. Edita: (Autor). Año: 2020. ISBN: 9788409237289.

www.cronistasoficiales.com/?p=105768.

alcalalareal.es/historia-de-la-ciudad/

Para visitar:

Fortaleza de la Mota

Camino San Bartolomé 2, Alcalá la Real – 23680 Jaén.

www.fortalezadelamota.com

Compartir en redes sociales: 

Compartir en facebook
Facebook
Compartir en twitter
Twitter
Compartir en linkedin
LinkedIn
Compartir en whatsapp
WhatsApp
Compartir en telegram
Telegram

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

imagen popup suscripción - Misterios de Andalucía

Suscríbete