Donde viven los lobos

Lobo oculto en la maleza

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Texto/Fotos: Francisco J. Vázquez.

A unos 7 kilómetros de la ciudad de Antequera, saliendo por la antigua carretera que lleva hacia Álora y justo a espaldas de la reserva de la Sierra del Torcal, se yergue majestuoso un enclave natural privilegiado y único. Allí, y a lo largo de una amplia extensión de terreno que abarca aproximadamente unos 400.000 m2, donde predominan laderas y cerros, profusos desniveles, frondosa vegetación y recovecos naturales al amparo de rocas y árboles, se cría en semilibertad una de las figuras que más terror despiertan en el ser humano: el lobo.

Desde siempre las leyendas, los cuentos o los testimonios de quienes se las han visto con estos mamíferos carnívoros han aterrorizado las mentes de niños y mayores. Ataques al ganado, a viajeros solitarios o incluso a grupos de humanos han despertado en el colectivo popular un miedo muchas veces irracional hacia la figura de estos seres que, sin dejar de lado su potencial peligro como animales salvajes que son, han sido estigmatizados y señalados como auténticas bestias de matar. Pero nada más lejos de la realidad.

Los lobos son seres inteligentes, muy nobles y tremendamente organizados. Una de sus principales características es que se agrupan en manadas de numerosos ejemplares, lo que proporciona una mayor facilidad en la búsqueda de alimento (la caza en grupo es mucho más efectiva que el cuerpo a cuerpo), y también una mayor defensa frente a otros depredadores.

De igual forma, la estructura de dicha manada está perfectamente jerarquizada. Así, suele contar normalmente con una pareja fuerte y dominante compuesta por un macho y una hembra reproductores (denominados ambos alfa), que serían el equivalente humano a los líderes del grupo. Son éstos los que se encargan de resolver las disputas entre sus miembros, y los que mantienen unidos a sus componentes.

Esta jerarquización es importantísima, puesto que determina factores de lo más dispares, como el orden de ingesta de alimentos, la reproducción o incluso el cuidado de las crías o la vigilancia del entorno y el aviso a los miembros en caso de problemas.

El número de miembros de una manada no suele sobrepasar los siete ó nueve ejemplares (siempre hay excepciones) y su composición variará en función del tiempo. Algo perfectamente lógico si tenemos en cuenta que los instintos de apareamiento de los nuevos miembros tenderán o a enfrentarse con los que ya conviven o a buscar nuevos horizontes desde los que desarrollarse, formando nuevas manadas. Y no sólo eso, la misma selección natural hace que la muerte de ejemplares por edad, accidente o enfrentamientos, o los nacimientos de nuevas camadas, reduzca o aumente su número según circunstancias.

Otro aspecto importante a destacar es la territorialidad de esta especie. Suelen ser muy territoriales, pues una vez asentados en un lugar han de mantener ese espacio como fuente de supervivencia. Ahí está la caza, el agua, los espacios que les sirven de refugio y que les dan seguridad, etc. Los que de verdad saben de este tema hablan de que hay manadas que pueden llegar a controlar varios cientos de kilómetros cuadrados, en función siempre del tamaño de la misma, aunque la media establecida está en torno a los 100 km2.

Esta aparente inteligencia, resultado de la concatenación de circunstancias evolutivas, ha generado en el ser humano desde siempre un recelo innato que ha derivado en un proceso de miedo y pavor ante la sola mención de una palabra lobo. Y esa es una de las causas por las que se crea esta maravillosa reserva: desterrar la imagen tradicional maligna de este animal. 

Parte de una manada de lobos se deja ver.
Parte de una manada de lobos se deja ver en una zona sin maleza ni árboles.

Una reserva para verlo en su hábitat.

Corría el año 2002 cuando un matrimonio alemán compuesto por Daniel Weigend y Alexandra Stieber fundan en la serranía antequerana el denominado LOBO PARK. Su amor por la naturaleza y por los animales y, concretamente, la fascinación que sentían por estos mamíferos les anima a poner en marcha esta iniciativa que ha sido y sigue siendo pionera en nuestro país.

En principio el Parque Lobo se erige como un espacio natural de índole privado destinado a la crianza de lobos en semilibertad y con una filosofía de puesta en marcha clara: la de estudiar en un hábitat natural y controlado el comportamiento social de estos canes salvajes. Evidentemente, dichos estudios se basan en los resultados que obtienen respecto a lo que acontece con ellos en su día a día a lo largo de las diferentes estaciones (sexualidad y crianza, socialización, comportamientos, alimentación, interactuación…).

A la vista del éxito de la iniciativa, en el 2004 el parque se abre no sólo a personal relacionado con el estudio de este tipo de animales (biólogos, zoólogos, naturalistas, …) sino también al público general. La idea es que aquellos que lo deseen puedan ver de cerca a esta especie tan denostada y compruebe y reevalúe aquello que de ellos creían saber.

De esta forma los visitantes pueden aprender in situ sobre sus variados hábitos de vida, y observar dentro de un mismo espacio distintas variedades, comprobando así no sólo qué las diferencia y cómo se comportan, sino también entendiendo los distintos estilos de vida de las manadas y las dinámicas que éstas siguen.

¿Cómo se consigue esto? Muy fácil. Por una parte, con la creación de un ambiente donde se imita hasta en el más mínimo detalle un hábitat natural, y en el que se permite que los lobos tengan terreno suficientemente amplio donde moverse libremente, jugar, correr, cazar y desarrollar así sus características innatas. Por la otra, permitiendo que las visitas sean partícipes de cómo se comportan estas criaturas en el mundo real, al margen de creencias, leyendas y supersticiones, disminuyendo así notablemente el miedo que muchos pudiesen albergar.

Pero, ¿son realmente tan peligrosos como los pintan?

Lobo bebiendo en un estanque
Lobo bebiendo en un estanque dentro del recinto.

Los peligros de los animales salvajes.

Los lobos que se encuentran en el Lobo Park son, ante todo, animales salvajes. Bien es cierto que están en un entorno controlado, pero su hábitat es la semilibertad. Así que es importante reseñar que, como cualquier animal libre, su comportamiento ante la presencia del hombre es impredecible. 

Hay quien piensa que por el simple hecho de estar cerca de los humanos, o de dejarse ver por ellos, puede influirles y hacerles estar parcialmente «domesticados». Pero nada más lejos de la realidad. 

Un ejemplo claro de lo que hablamos está en el hecho de que dentro del recinto, y en las diferentes secciones, ni trabajadores ni voluntarios tocan a los lobos salvo causa de fuerza mayor (algún accidente, algún suceso extraordinario, etc.). Es más, tan sólo Daniel Weigend y Alexandra Stieber están autorizados a criar a los cachorros, generando un vínculo de confianza con estos animales hacia ellos que, al introducirse en los recintos, los saludan como «amigos» y no como extraños a las manadas. Pero al margen de ellos, cualquier otra persona se arriesga a ser atacado y a las fatales consecuencias que esa acción generaría.

¿Son, por tanto, animales peligrosos? Sí, lo son. Tanto como lo pueden ser los gorilas, los leones, los jabalíes, los mapaches o, incluso, los caballos salvajes. ¿Hay que temerlos? Por supuesto. No temer a un depredador carnívoro como es el lobo es de ser necios, temerarios y puede costarnos la vida. Por último, ¿hay que creer en la leyenda negra que se ha tejido alrededor de su figura? Rotundamente no, porque aunque toda leyenda tiene un poso de verdad, también tiene mucha de interpretación y otra tanta de tergiversación. Y en este caso, la evidencia desmiente buena parte de la misma.

Fuentes utilizadas:

El lobo en los medios. Autor/Editor: ASCEL (Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico).

Los lobos en la Península Ibérica. Propuesta parta el diagnóstico de sus poblaciones. Autores: Fernández-Gil, Alberto; Álvares, Francisco; Vilà, Carles; Ordiz, Andrés (eds.). Edita: ASCEL (Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico). Año: 2010.

Para visitar:

Ctra. Antequera – Álora (A343), km 16 | 29200 Antequera (Málaga)

www.lobopark.com

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